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23 Noviembre 2017
MISIÓN:
“Formar jóvenes cristianos comprometidos con su fe y sus valores, entregando una sólida formación académica e integral que les permita enfrentar con éxito su presente y su futuro, mediante su compromiso con las personas que los rodean, el medio ambiente y el desarrollo de una pedagogía del amor,  en un encuentro afectivo con la fe cristiana”.

VISIÓN:
“Esperamos ser percibidos por las familias de nuestro entorno como una Comunidad Educativa de excelencia, que forma y educa a jóvenes alegres y solidarios en el amor de Cristo,  que sean comprometidos con la sociedad y su entorno.”


 

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talleresAdemás de entretener, las actividades extraprogramáticas ayudan a desarrollar competencias claves en cada etapa del crecimiento, como el control de las emociones. Mientras la danza desarrolla la empatía y la capacidad de salir del "yo", entre los 5 y 7 años; la cocina les ayuda a relacionarse con números y medidas.


Entretenerse, conocer amigos y desarrollar
nuevas habilidades son algunos de los objetivos
de los talleres extraprogramáticos que ofrecen
los colegios. Aunque los sicólogos y sicopedagogos son claros en aclarar que el
taller escogido debe ser la opción de los niños -y no de los padres-, los talleres
pueden ayudar a desarrollar ciertas habilidades propias de cada etapa del
desarrollo escolar.

ENTRE 5 Y 7 AÑOS
En esta etapa, los niños tienen una personalidad egocéntrica, de la que tienen que
comenzar a salir para relacionarse con sus pares. El teatro los ayuda a ponerse en
el lugar de otras personas, a leer a los demás y a quebrar la timidez propia de los
pequeños. "Claro que no se puede poner a la niña más tímida como protagonista,
porque tampoco se los puede forzar", aconseja Dominga Figueroa, sicóloga
infantil.
El dibujo colectivo, donde se hagan creaciones en conjunto, y la danza también
desarrollan la empatía y la capacidad de salir del "yo". En este último, los niños
deben seguir los pasos que hacen los otros.
A nivel cognitivo, los niños ya son capaces de compartir libros con sus pares,
preguntar acerca de un texto y son capaces de sintetizar lo que ya han leído. Para
estimular la comprensión de lectura, un taller de títeres es la opción, ya que ahí
aprenden a contar historias y a utilizar el vocabulario.
ENTRE 8 Y 10 AÑOS
Quebrar dos huevos o cernir medio kilo de harina ayuda a relacionarse con los
números y las medidas, habilidad que debería desarrollarse a esta edad:
operaciones matemáticas y números en actividades diarias y utilizar la medición
de forma práctica.
Los scouts también sirven para las matemáticas porque desarrollan la abstracción.
"El ordenar y organizar, desde el grupo de niños hasta la mochila, sirve para
resolver, por ejemplo, ejercicios combinados de sumas con multiplicación, donde
se requiere de una planificación", explica Paola Siña, psicopedagoga de la U.
Andrés Bello.
En esta etapa, los niños comienzan a controlar la expresión de sus emociones con
menos ayuda de un adulto. La gimnasia rítmica y la artística permite que aprendan
a planificar y a desarrollar el autocontrol, ya que se realizan ejercicios coordinados
con otros.
Las artes marciales también son adecuadas, ya que requieren concentración y
meditación.
ENTRE 11 Y 12 AÑOS
A esta edad, los niños comienzan a seleccionar comportamientos constructivos en
vez de los destructivos. Por ejemplo, cuando retan a los adultos porque fuman.
También en este periodo se fomentan las relaciones sociales: los niños ayudan a
los más pequeños, son capaces de resolver conflictos en grupo y expresan sus
opiniones en conjunto. Por eso, es la edad ideal para los deportes.
En los coletivos, se fomentan las redes sociales y los niños se sienten parte de un
equipo y aprenden a resolver cosas en conjunto, dice Eugenia Valdés, sicóloga de
la UC.
Mientras los deportes individuales, desarrollan la autoestima, clave para el
bienestar en la etapa siguiente, la adolescencia.
¿CÓMO Y CUÁNTO?
No estresar a los niños, es el mensaje de los sicólogos. Un taller a la semana es lo
ideal, independiente de la edad. Después de los 8 años podría aumentarse a dos
talleres por semana, si el niño demuestra capacidad para organizarse. "No hay
que replicar la vida adulta, de estar corriendo, porque sino se puede caer en estrés
infantil", explica Marisol Latorre, académica de la UAH.
Si un niño está cansado y a mitad de semestre no quiere seguir en un taller, hay
que ser flexible. "Los papás deben evaluar en el camino y respetar la
individualidad del niño, sin obligarlo a continuar en algo que no quiere", explica Pía
Santelices, sicóloga de la UC.
Además, los expertos piden a los papás moderar el exitismo. "Si al padre le
importa más el resultado que el niño, estamos mal. Apoyar al niño es dar un paso
atrás, acompañarlo en silencio. No se puede estar gritando: 'te toca a tí, hazlo'",
explica Dominga Figueroa.

 

 

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